El etiquetado nutricional se ha convertido en una herramienta esencial para cualquier persona que quiera mantener una alimentación saludable. Cada vez vemos a más gente en el supermercado revisando etiquetas antes de meter un producto en la cesta. Sin embargo, leerlas no siempre significa interpretarlas bien, y ahí es donde empieza la diferencia entre comprar “aparentemente saludable” y comprar con criterio real.
A continuación te explico, de forma clara y práctica, cómo entender correctamente un etiquetado nutricional y qué errores evitar para mejorar tus decisiones de compra.
¿Qué es exactamente el etiquetado nutricional?
La etiqueta nutricional nos proporciona la información básica sobre un alimento por cada 100 g o 100 ml. Incluye:
Valor energético (kcal).
Grasas totales y grasas saturadas.
Hidratos de carbono y azúcares.
Proteínas.
Sal.
Esta información es obligatoria en la mayoría de productos procesados y es la base para poder comparar diferentes alternativas dentro de una misma categoría.
¿Todos los alimentos deben llevar etiqueta?
No. Algunos productos están exentos de llevar etiquetado porque su composición es simple y evidente. Entre ellos:
Frutas y verduras frescas.
Alimentos sin transformar con un solo ingrediente: agua, sal, aceite, vinagre, especias, té…
Bebidas con más de 1,2% de alcohol.
Productos no envasados.
En estos casos, el propio alimento ya nos indica claramente lo que contiene.
¿Todos los alimentos deben llevar etiqueta?
Porque interpretarlas correctamente empodera al consumidor. No solo te ayuda a elegir un producto adecuado según tus necesidades, alergias o intolerancias, sino que también te permite identificar alternativas más saludables dentro del mismo tipo de alimento.
El problema es que solemos cometer un error muy común: fijarnos únicamente en la tabla nutricional y no en la parte realmente decisiva: la lista de ingredientes.
La lista de ingredientes: tu mejor aliada
Si quieres saber si un producto es realmente saludable, empieza por aquí. La lista de ingredientes te revela:
La calidad del producto.
Si está cargado de azúcares ocultos o harinas refinadas.
Si contiene aceites de mala calidad (como el aceite de palma o los refinados).
Si los ingredientes principales son realmente los que la marca destaca en la portada.
Como norma general:
Cuantos más ingredientes tiene un producto, menos saludable suele ser.
Ejemplo práctico
Imagina que compras unas galletas que muestran en la etiqueta “0% azúcares añadidos”. Buena señal, ¿no?
Sin embargo, revisas la lista de ingredientes y te encuentras:
Primera posición: harina refinada.
Después: aceites refinados (girasol, palma, etc.).
Y varios añadidos más.
Resultado real: no son saludables, aunque el mensaje del envase te haya hecho creer lo contrario.
Qué significan mensajes como “bajo en grasa”, “alto en fibra”, “sin azúcar”…
Estos mensajes se llaman declaraciones nutricionales y no son obligatorias. Las marcas las usan para resaltar una característica del producto, pero requieren cumplir ciertos criterios para poder aparecer en la etiqueta.
Algunas de las más frecuentes son:
Bajo contenido en grasa
Sin grasa
Bajo contenido en grasas saturadas
Sin azúcares
Fuente de fibra
Alto contenido en fibra
El problema es que estas declaraciones pueden crear la ilusión de salud, aunque el producto no lo sea realmente. Por eso es tan importante no quedarse solo con estos reclamos comerciales.
Evita caer en la “trampa saludable”
Muchas veces compramos productos creyendo que son una buena elección, cuando en realidad no lo son. Envases llamativos, claims atractivos y colores “healthy” pueden ser muy persuasivos, pero no sustituyen a una buena lectura del etiquetado.
Para evitar errores:
Compara siempre productos por 100 g/100 ml.
Revisa la lista de ingredientes antes que la tabla nutricional.
Desconfía de listas demasiado largas.
No te dejes llevar solo por los mensajes de la portada.
Aprender a interpretar etiquetas es cuidarte mejor
Entender el etiquetado nutricional te permite: Comprar con criterio. Evitar productos que parecen saludables, pero no lo son. Elegir opciones que realmente encajan con tus objetivos de salud. Sentirte más seguro y responsable en tu alimentación diaria. Si quieres adquirir hábitos saludables de forma sencilla y aprender a interpretar etiquetas sin confundirte… ¡Ponte en contacto con Well y te acompañaremos paso a paso!